Para el aprovechamiento y tratamiento de los residuos existen bajos o nulos incentivos en el país. Finalmente todo termina en los rellenos sanitarios. 

05 17 2017 interna reciclaje

 

El continuar por esta senda lineal de consumir materiales, usarlos, desecharlos y enterrarlos en un relleno, llevará a Colombia a una grave encrucijada, donde las zonas urbanas y rurales de nuestro país generarán, para el 2030, más de 14,2 millones de toneladas anuales que serán dispuestas en rellenos, los cuales para esa fecha tendrán un déficit de espacio de 10,2 millones de toneladas. 

En síntesis, no habrá espacio en los rellenos para asimilar y manejar adecuadamente la generación de residuos (CONPES 3819, 2016). Aunado a lo anterior, el 38% de los rellenos en el país tienen una vida útil menor a 3 años (SSPD, 2015), incluidos los rellenos de las grandes ciudades, adicional hay más de 124 municipios que ni siquiera cuentan con uno y su disposición de residuos es a cielo abierto o mediante quemas no controladas.

Creer que la única alternativa de gestión final de los residuos son los rellenos sanitarios es una visión reduccionista y lineal. Por el contrario, se debe involucrar las evaluaciones ambientales y sociales en los procesos de decisión, porque de ahí salen opciones como centros de aprovechamiento, tratamiento y valorización de residuos.

Asimismo, permite el surgimiento de tratamientos finales no convencionales como la incineración con cogeneración energética y la pirolisis, estrategias ya implementadas en ciudades como Tokio (Japón), Manaos (Brasil), Nottingham (Inglaterra), Montevideo (Uruguay). En países como Holanda tratan el 16% de sus residuos en incineradores.

¿Qué hacer ante esta situación?, desde una perspectiva ciudadana, tenemos en nuestras decisiones diarias y cotidianas las principales herramientas de cambio, como son evitar genera los residuos, o también llamado reducción, y la separación en la fuente.  

Las decisiones de compra de cada individuo pueden convertirlo en un consumidor ambientalmente responsable, evitando el uso de bolsas plásticas, comprando productos con menos envases y empaques biodegradables o reciclables, de buena calidad, que garanticen una larga vida útil y puedan repararse si se dañan. 

Sin embargo, no se trata únicamente de reciclar, esto sólo ataca la punta del iceberg, se deben generar economías circulares, es decir, garantizar que el residuo nuevamente se inserte en los ciclos productivos, por esto debemos ser veedores que lo separado en la fuente sea entregado a empresas u organizaciones de reciclaje. El valorizar los residuos es la clave de la sostenibilidad del sistema de gestión de residuos. 

Parte de la solución está en manos de cada individuo, por eso recordemos preguntarnos cuando vamos de compras, ¿realmente lo necesito?, y si lo necesito, ¿ese producto es lo mejor para mí y para el ambiente? 

 

Sandra Bautista
Docente Ingeniería Ambiental
Bogotá D.C, 19 de mayo de 2017
Imágenes: Dpto. Comunicación y Publicaciones

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